11 feb. 2018

En menos de 101 palabras

Diana

Tras una noche de copas Cupido erró el tiro, adjudicándole un inspector de Hacienda. El funcionario se quedó dormido sin descubrir el Paraíso donde ella guardaba sus cuentas más secretas. El siguiente saetazo acertó en un periodista, un terrorista de la pluma, que explotó antes de tiempo en los baños de la discoteca. Ahí lo dejó, enmadejado en papel higiénico.
Desde entonces no ahorró esfuerzos hasta neutralizar a Cupido maniatándolo a su cama. Lograrlo fue empresa de dioses, pero mereció la pena quedar a cubierto de sus desatinos y disfrutar a solas cada noche pellizcándole las alas.



©Mikel Aboitiz
(Relato finalista semanal del programa de RNE4 Wonderland 


10 feb. 2018

Otra historia de abogados

Cartera de clientes

Recibió en herencia un bufete con una cartera de clientes de cuento de hadas que ¡quién la tuviera! Sin embargo, se comportaba retraído, tímido en exceso. Aquella falta de seguridad sorprendía en alguien habituado a litigar. ¿Cómo podía ese hombre sumiso que apenas levantaba la vista al servirle mi lacayo más té, regir un despacho de abogados con clientes tan mundialmente famosos? Quién diría que su bufete defendiera a la realeza frente a ese insidioso enano saltarín, cuyo nombre cayó en el olvido. O que lograra tan gran éxito de publicidad representando sin pérdida de tiempo y gratuitamente a un carpintero harapiento frente a las acusaciones de la Oficina de Protección del Menor. Comenzó a darme fatiga el ponerme en sus manos. Sobre mi cabeza pesaban las acusaciones de mi hijastra por intento de asesinato y, el muy papanatas, ni siquiera tenía el valor de aceptarme una manzana del jardín.

©Mikel Aboitiz



28 ene. 2018

La crupier

Hace una eternidad que trabajo de crupier en un mundo de hombres. Pudientes enjoyados, gente nerviosa que se crece apostando a un color, pero luego se muerde las uñas cuando gira la ruleta. Como nadie me paga las horas extra aquí no entran sindicatos—, venzo el tedio dejando que el tiempo sea mi principal aliado. Los jugadores saben que la casa siempre tiene ventaja y, aún así, pobres diablos, se pelean por apostar en mi mesa. Mi rien ne va plus es definitivo. Modestia aparte, me tienen por la mejor. No en vano, dicen que soy la muerte.



Mikel Aboitiz


4 ene. 2018

En menos de 101 palabras

Papelitos

Ya no hay papelitos sorprendiéndole sobre el espejito de su baño: «Cuento las horas». O el «Pienso en ti» arropado entre billetes que ella se topa al pagar. Con la mudanza y la boda volaron los papelitos. Ahora importan hipotecas e impagos. Y los mensajes sin explicaciones relampagueando en el móvil (“Lola, no me esperes esta noche”). Pero esta tarde desea sentirse como antes: se arregla a conciencia, estrena lencería. Tiene un papelito en la mano y carmín rojo furioso en los labios. Se los revisa en el espejo y hoy es ella quien deja una nota: «Tampoco me esperes».


©Mikel Aboitiz